El hijo pródigo. un cuento, una leyenda, una parábola o simplemente la vida cotidiana de todo aquel que quiere regresar a la casa paterna, la eucaristía y la voluntad de seguir el camino de Dios con rectitud y voluntad. Justamente hoy lejos de casa, en un viaje para encontrarme con un viejo amigo de Dios, pude comprender muchas cosas después de escuchar a un gran Pastor en televisión. Este hombre lanzaba dardos encendidos con el fuego del Espíritu, dardos que llegaban al corazón. Sin duda su sabiduría le dio a muchos y a mí una luz.
En Lucas 15, encontraremos aquella reflexión del Hijo Pródigo, cuando decía: "Cuantos jornaleros en casa de mi padre tienen comida y yo aquí muriéndome de hambre, me levantaré, iré a donde mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra tí, ya no merezco ser llamado hijo tuyo."
Es algo que me llama la atención, como esta reflexión inicia observando o comparandose ya que unos están mejores que yo, no nos hemos dado cuenta de lo mal en lo que estamos sino que nos comparamos buscando lo que otros tienen, muchas veces lo hacemos por conveniencia propia, muchos dicen que seguían a Jesús por la comida que multiplicaba, muy pocos por seguirlo a él. Aún así Dios se basa de todo para entrar en esa reflexión de saber que estamos mal.
Pero más que eso, la voluntad propia del hijo pródigo para decir con fuerza: "Me levantaré". No es mi hermano quien me levanta, no es mi amigo, es más Dios no te dice directamente: "Levantate!", cierto el da gracias para que puedas tener esta reflexión; pero aún así, es una decisión personal el cambiar y encaminar nuestros pasos a Dios, esos pasos solo pueden ser uno a uno, con firmeza, y siempre con orientación: "Ire a... ", así es, ire al cine, ire a jugar, ire a misa, ire a confesarme. Ire da lugar a tener una dirección en específico, y te da el comienzo de encaminarte con decisión sin importar que vayamos en camino contrario como muchas veces hacemos, como le sucedió a Elías después de que Jezabel había mandado matar a los profetas de Yahve, Elías decidió correr cansado de Israel, de que la gente no le hiciera caso. Con sentimiento de fracaso, renunció a la ciudad, tomando el camino incorrecto para después esconderse en la cueva. Elías, huyendo, no dejo de tener bendiciones de Dios, le daba sustento y lugar para sobrevivir, de la misma manera nosotros, por mas lejos que vayamos de Dios, el sigue bendiciendonos, aúnque aquí no acaba la historia. Elías fue al monte santo donde se resguardo del viento fuerte que destrozaba árboles, después el terremoto que sacudía todo, el fuego que quemaba los árboles, pero Elías no encontraba al Señor en ninguna de estas cosas. Vino después la calma y el silencio, y el profeta encontró a Dios en el susurro apacible del momento. Cuando Elías oyó a Dios, se cubrió el rostro, y fue a donde el Señor quién le preguntó: "¿Que haces aquí Elías?".
Dios te pregunta hoy como a Elías: ¿que haces aquí? Si hoy estas en pecado, si hoy estas emocionalmente destrozado, triste o desconsolado, Dios no te sacará físicamente de ese estado, pues no lo hizo con Elías. Dios le dió la fortaleza a Elías, de la misma manera te dará fuerza y te impulsará a salir de tu problema o situación, pero la decisión de dejar esa situación o pecado es tuya: "Me levantaré e ire a donde mi Padre". Levantarse e irse a donde Dios, a donde esta la confesión y reconciliación, a la consolación y fortalecimiento en la eucaristía, a encontrar y defender la verdad, a amar al prójimo en la caridad.
Levantate y ve a donde Dios, el hoy está esperandote con sus brazos abiertos de amor, el tierno, lleno de compasión y ternura te habla al corazón. Hoy busca al Señor y como al hijo pródigo te abrazará y te dará las mejores ropas y los mejores alimentos, te dará su vida, la vida enterna.
Bendiciones a todos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario